(Martín Zilic, presidente de Corbiobío)
Por años hemos hablado del potencial del Biobío como motor productivo del sur de Chile. Hoy, ese potencial está disponible, pero requiere decisiones firmes, coordinación y sobre todo, una participación activa de todos los actores.
La región enfrenta grandes oportunidades en distintas áreas. El desarrollo energético de Neuquén, impulsado por el petróleo y el gas, abre un escenario de integración con las provincias del sur de Argentina que no podemos desaprovechar. Proyectos como el tren bioceánico, el fortalecimiento de nuestros puertos y una mejor conectividad internacional no son aspiraciones lejanas: son condiciones necesarias para posicionar al Biobío como plataforma logística y productiva.
En ese contexto, iniciativas como un tren que conecte nuestra región con Santiago en menores tiempos, o la construcción del tercer dique de ASMAR, que permitiría avanzar en la fabricación de buques de alta tecnología, son más que obras de infraestructura: son apuestas estratégicas para el empleo calificado, la innovación y desarrollo tecnológico.
A esto se suma el impulso que puede generar Huachipato a través de un hub tecnológico enfocado en manufacturas avanzadas, integrando industria, conocimiento y desarrollo portuario. El Biobío tiene las capacidades humanas y productivas para liderar estos procesos; lo que falta es articularlas con decisión.
Pero el desarrollo no puede ser solo económico. Debe ser integral. El desafío de construir un polo de salud regional, con un hospital de alta complejidad de 400 a 500 camas, especializado en áreas críticas como neurocirugía y cáncer, es una prioridad. No se trata solo de infraestructura, sino de reorganizar el sistema completo: desde la atención primaria hasta la hospitalaria, vinculando además la formación de profesionales con las necesidades reales de la región.
Asimismo, la región tiene la oportunidad de liderar en sostenibilidad. La construcción en madera no solo abre nuevas industrias, sino que es clave para avanzar hacia la carbono neutralidad al 2050. Sin embargo, esto exige consensos regionales para recuperar más de 500 mil hectáreas degradadas, lo que implica una visión de largo plazo y compromiso transversal.
Ahora bien, uno de los principales obstáculos sigue siendo la falta de una descentralización efectiva. Las regiones requieren mayor autonomía, pero también mayor responsabilidad en el uso de los recursos. No se trata solo de transferir poder, sino de asegurar eficiencia, transparencia y control en la gestión.
El foco debe estar claro: seguridad, salud, educación e infraestructura. Pero también debemos avanzar en algo igual de importante: la articulación entre el mundo público y privado, y la generación de espacios reales de diálogo con la ciudadanía.
Porque hoy el desafío no es solo alcanzar consensos. Es algo más profundo: lograr participación. Las personas ya no quieren ser espectadoras del desarrollo, quieren ser parte. Quieren incidir, ser escuchadas y ver resultados concretos.
El Biobío tiene todo para liderar una nueva etapa de crecimiento. Pero ese crecimiento debe ser eficiente y construido entre todos. Ese es el verdadero desafío que tenemos por delante.